Ya habían brotado las primeras ideas en Algodonales. Ya Eduardo Martín Clemens había tomado el pulso a la zona de Perú donde años después funciona nuestro Hogar a pleno rendimiento, no en vano el padrecito llegó a ser rector del Seminario Diocesano de Trujillo, y menos mal que no se quedó por allí con mitra y sede…

En esos primeros momentos conocí la idea de Fraternitas sine Finibus y desde entonces sigo el día a día en primera línea como secretario de la fundación. Muchos años ya. Muchos recuerdos…

Las primeras reuniones en casa de Fernando Guimerá, la experiencia nativa de Pablo Peñas, las odiseas vividas por Eduardo, los nombres de los amigos de Perú, los problemas con los terrenos, las escrituras, los dominios y los soles. Un mundo extraño que poco a poco iba asumiendo sin haber ido.

La presentación en sociedad en el salón de actos del Colegio de Médicos de Sevilla, el 10 de mayo de 2001. El salón a reventar de gente, representantes de diversos movimientos y de la iglesia diocesana, la música del grupo peruano, los recuerdos típicos ya a la venta, la dificultad de tomarse una cerveza con tanta gente asistente al acto. Un día glorioso.

Y luego a caminar sorteando dificultades burocráticas, económicas, bancarias, institucionales y de todo tipo. Muchas, y todas gracias a Dios resueltas.

En el momento actual el Hogar cumple su cometido al cien por cien (o más). Es un referente en la zoza y es respetado y ponderado.

Dios quiera que el Hogar «Monseñor Romero» en Trujillo (Perú) llegue a ser centenario.

Rafael Ruizbérriz de Torres Sánchez.

Secretario.

 

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