UN POCO DE HISTORIA DE FRATERNITAS SINE FINIBUS (1997 – 2007)

Año 2007, la Fundación celebra sus diez años y el Hogar seis. Trabajar con los pobres es una realidad compleja, pero la gratificación es superior a todas las dificultades. Al hacer balance, constatamos que han sido años de rosas y espinas. En estos momentos, tras una década de trabajos, luchas e ilusiones, las espinas, lo negativo, al pertenecer al pasado ni siquiera se recuerda, porque, se contempla la historia desde la fe, y como dice el apóstol Pablo «todo ocurre para nuestro bien».

Todos los que han pasado por aquí han dejado parte de sí, han dejado su huella. Utilizando el símil de las flores, un perfume diferente; así al entrar en el Hogar o visitar la Fundación, se respira ese ambiente de rosas que da olor y fragancia a nuestro mundo.

EL SUEÑO

Todo comienza tras el regreso a España del Padre Martín Clemens, que después de haber estado unos años de Misión en el Perú, se reúne con dos amigos más. Los tres conocían la realidad peruana desde diversas visiones: Pablo Peña, natural de Piura, norte peruano y Fernando Guimerá, que visitó el país quedando fuertemente impresionado por la realidad de la pobreza.

Discutían con frecuencia sobre los temas de la pobreza que azota al mundo, la implicación de la Iglesia en lo social, la Teología’ de la Liberación, las aportaciones de la misma y las posibles manipulaciones que sobre ella se podía hacer. Aspectos como sí había que ser creyente para ser solidario, o sí se tenía que ser solidario para ser creyente; hasta que llegaron a la conclusión: «no podemos arreglar el mundo, pero sí aliviarlo y recomponer un poco sus heridas y fracturas«. Se comprometieron los tres por igual.

Pablo todavía seminarista, Fernando con su empresa en apogeo y Eduardo recién llegado del Perú, párroco de Nuestra Señora de la 0, decidieron buscar la voluntad de Dios en esta realidad. Para ello se retiraron a un pueblo de la provincia gaditana, Zahara de la Sierra, a una casa rural ubicada en Bocaleones, cedida por Alberto, amigo y miembro de la Fundación desde el primer momento. La casa tenía una huerta en medio de un lindo paisaje natural. En este ambiente, ante un cuadro del Cristo de la Expiración (El Cachorro) y una vela encendida, disciernen en oración lo que podía ser la voluntad de Dios en este sentido, para conociéndola, realizarla.

Estaban llenos de inquietudes y deseos de hacer el bien y entregarse a los demás, pero había que dilucidar qué necesidad era la más apremiante. Varias propuestas fueron presentadas, entre ellas, la atención a los ancianos, los pedagógicos, los seminarios, los niños, y otras. Y se decidieron por atender a los niños de la calle. Se optó por ellos por varias razones: por su mayor indefensión, por sus vidas aún por hacer, por la limpieza de su mirada y porque percibían la vida como un regalo.

Todo esto lo palpó Fernando cuando vino a Perú y viajó al Cuzco, quedándose impresionado por la mirada de los niños, la corrección, educación en la forma de pedir y de cómo aquí en el Perú la pobreza y la dignidad se daban la mano en los seres más indefensos y abandonados.

Así es como se dio el primer paso para la creación de la Fundación. Había que darle nombre, buscar el abogado y acogerla bajo unos patrones. Se tenían varias posibilidades para denominarla: Cor Mundi, Fraternidad Universal, Fraternidad sin Fronteras, y se quedó con este último por votación, pero con el deseo de ser pronunciado en latín por la universalidad. Así nace «Fraternitas Sine Finibus». Esto ocurrió el día seis de Diciembre del año 1997, como consta en el borrador de acta.

El objetivo de la fundación era el mestizaje cultural y el compartir con niños de Latinoamérica y de otros países del mundo. Había que tener un logotipo que identifique a la Fundación. En un principio se pensó hacer el encargo a Carlos Córdoba, tío de Fernando y buen pintor sevillano, pero para acelerar, porque los artistas y pintores se demoran mucho, lo diseñó Joaquín, el presidente del Consejo Pastoral de la parroquia Nuestra Señora de la 0, que presentó tres modelos, siendo elegido el actual.

Los primeros pasos eran tres:

  • Buscar el abogado.
  • El diseño del logotipo.
  • Los protectores, los intercesores en el cielo: el Santísimo Cristo de la Expiración (El Cachorro), la Santísima Virgen de Guadalupe y Monseñor Óscar Arnulfo Romero, este último arzobispo de San Salvador, mártir, asesinado el 24 de marzo de 1980 por oponerse a las ideas militaristas de aquel momento que oprimían a 105 habitantes de El Salvador.

También se eligieron los primeros cargos: Fernando como Presidente, Eduardo vicepresidente, y Pablo como secretario. El capital fundacional alcanzaba un millón de las antiguas’ pesetas.

El compromiso de los socios apuntó como objetivo la creación de un Hogar de acogida y de educación a los niños necesitados de Latinoamérica abiertos a otros lugares del planeta, es decir, no consistía tanto en mantener la Fundación cuanto en la creación de un Hogar de acogida. El primer local de la Fundación fue: Residencial Alhambra 10 bajo A (domicilio perteneciente en aquel tiempo a Eduardo).

LAS DIFICULTADES

Antes tantas dificultades que desconcertaban al comienzo, nunca se pensó en desistir. Al contrario, servían de estímulo para proseguir en el empeño. Las primeras de naturaleza burocrática: la Inscripción en los Registros Públicos, papeles y más papeles, notarios y más notarios; eso llevó mucho tiempo y no se entendía por qué para hacer el bien había necesidad de tanta burocracia, pero había que cumplir con las engorrosas normativas legales.

Todo se va arreglando en Sevilla. Se crea la Fundación que es presentada en el Colegio Oficial de Médicos, gracias a la sugerencia y colaboración de Rafael Ruibérriz, incorporado a la misma y miembro muy activo. A partir de ello comienza el objetivo primero: la creación de Hogar para niños de la calle que en la actualidad lleva el nombre de Óscar Romero. Lojurídico siempre lo atendió desinteresadamente don José Antonio Fajardo.

Encomiable la labor burocrática de Pablo en Lima y Trujillo para legalizar la fundación. Para describirla haría falta un volumen aparte.

BUSCANDO TERRENO

Había que buscar el terreno para la construcción del edificio. Durante él mes de Julio, en Perú, Eduardo estuvo buscando en Chorrillos, al sur de Lima; después lo intentó Fernando, resultando difícil y complicado.

En primer lugar, por el elevado coste del terreno, a lo que se unía la desconfianza de la gente, que pensaba que se trataba de algo para generar recursos aprovechando las circunstancias; incluso el alcalde de Chorrillos hizo una promesa que nunca cumplió. También un señor quiso vender un terreno a bajo precio, pero se descubrió que era una estafa y todo quedó apalancado momentáneamente.

Siguiendo la búsqueda, se optó por Trujillo porque era una realidad conocida y por la necesidad que también había allí, existiendo varias propuestas. Una de ellas, la de Simbal, donde podían concedernos incluso gratis el terreno. Se hizo la gestión, pero nunca hubo respuesta; hasta que por mediación de la familia Ascoy llegamos a la zona de Buenos Aires Norte, balneario muy señorial en tiempos pasados, ahora un pueblo joven en expansión, en cuyos alrededores, debido a las invasiones, se palpa con crudeza la pobreza.

Fernando llegó a un acuerdo con el vendedor. Se compraron los terrenos y se empezó a construir el Hogar con mucha ilusión y con no menos problemas. Hacían falta muchos permisos y autorizaciones. Pablo, que sería ordenado posteriormente, aunque algo más distante por sus estudios, venía poco al Perú, pero seguía con sumo interés toda la obra, que comenzó con la colocación de la primera piedra el día 18de Julio de 2001.

Había tres responsabilidades prioritarias: la parte económica, cuyo puntal fundamental era Fernando por su situación y también por su sensibilidad a la hora de trabajar. De la parte humanitaria y social se encargaba Eduardo con amplio conocimiento del entorno y muchos amigos. Pablo era el que con su intuición y aplomo peruano supo captar la realidad desde el primer momento; era el puente ideal. Y localizaron el primer objetivo en la Calle Pedro Ruiz Gallo N°218.

El hogar en principio recibió el nombre de «Albergue para niños de la calle Monseñor Óscar Romero’. No obstante, a los ojos del vecindario, el vocablo «Monseñor» portaba un cierto olor a Arzobispado por lo que se decidió suprimirla. Con el término «Albergue» sucedió algo parecido, pero en este caso, no se eliminó, sino que simplemente fue sustituida por la palabra «Hogar» para dar un toque más cercano y cálido, siempre pensando en el estado anímico de los niños y haciendo así que estos se sientan como en su casa. Finalmente, el centró pasó a llamarse «Hogar para niños de la calle Óscar Romero’. La zona de Buenos Aires elegida para llevar a cabo esta encomiable labor fue seleccionada por diferentes motivos tales como la necesidad vigente allí, la cercanía de atención médica y de la escuela.

Algunos runos han venido entrando y saliendo porque la situación de sus padres ha mejorado. A la vez es un hogar abierto para los niños de los vecinos porque ellos también forman parte de la convivencia con los internos.

LAS REUNIONES

En un principio se reunían con cierta periodicidad Fernando Guimerá, Pablo, Eduardo, Isabel María e Ignacio – matrimonio joven de Sevilla-, Rocío Carneado, Rocío García-Carranza, Alicia, Beatriz, Rafael Gutiérrez -sacerdote que estuvo trabajando en Perú- , la madre de Fernando, Carmen, y Ana -sobrina de Eduardo-. Más tarde, se incorporaron, Rafael y su esposa Rufi, -que fueron fundamentales para imprimir solidez-, Javier Guajardo-Fajardo que al ser economista y administrador se hizo responsable de las cuentas como la persona más idónea para este fin, siempre ayudado por su eficaz esposa Enriqueta.

Las reuniones se celebraban en casas particulares casi siempre en el contexto de la cena y ofreciendo cada uno lo mejor que tenía. Rufi con olfato -de inculturación, sugirió por coherencia que las mismas se celebrasen en lugares cedidos, creando mejor ambiente de austeridad y compartir puesto que tratábamos temas del trabajo con los pobres. Asf, en un principio se reunían en Cáritas de Triana, más tarde en la parroquia de San Román, y últimamente en la calle Levíes donde reside María Fernanda.

Estas reuniones resultaban pocos gratificantes, porque el tiempo se ocupaba en tratar sobre la polémica de la construcción. En España no se entendía bien el proceder de lo que pasaba en Perú sobre la propiedad, la titularidad, la posesión, registros, permisos municipales, y demás; los problemas burocráticos crispaban los ánimos, porque parecía que nunca se iba a terminar con las documentaciones de los permisos, lo cual impedía esa nota desenfadada que requerían los encuentros. Sin embargo, pese a la aridez de los temas que se trataban, el clima entre todos siempre fue de respeto, armonía y amistad, pues se trataba de un sueño de amigos hecho realidad. Las reuniones iban precedidas por una breve oración, para ponerlo todo en manos del Señor.

PERSONAS QUE HAN PASADO POR EL HOGAR

La idea fundamental del Hogar es de mestizaje. Las decisiones se toman a partes iguales entre España y Perú de manera que se obvie la imagen de una nueva colonización, pues todavía en el Perú hay una cierta desconfianza hacia la Madre Patria. Por otra parte, confiarlo todo en unas únicas manos sería dejadez y abandono por la situación conflictiva y de crisis que vive el país.

Se buscó una persona de España para que se viniera al Perú y Eduardo encontró a Carmen González, quien se dedicó íntegramente al proyecto. Ella vino al Perú con total generosidad poniéndose casi todo en sus manos. La casa se estaba terminando, mientras tanto, ella vivía en el domicilio de la familia Zavaleta, cerca del Hogar, hasta la conclusión de las obras, para hacerse cargo de los niños. Carmen, le habló a Eduardo de un amigo de España, ingeniero agrícola llamado Carlos Bardón, pues ellos eran íntimos amigos; por su mediación viene Carlos a Perú y trabaja en el Hogar con ánimo y entusiasmo. Raquel, su novia, quien visita también el Hogar se incorpora posteriormente al proyecto. Se volcaron en el distrito. Los tres hicieron una hermosa labor y se les recuerda con cariño tanto que Raquel y Carlos, aunque se casaron en España, hicieron un simulacro de su boda en el distrito.

La convivencia de Carmen, con Carlos y Raquel, que en la distancia había sido idílica, en lo cotidiano se deteriora de tal forma que imposibilita el trabajo entre ellos.

Los acontecimientos se van sucediendo, hay que tomar decisiones. No era fácil el carácter de Fernando para trabajar’ comunitariamente y unido a la falta de entendimiento con el resto, se llega a la crisis más fuerte y acentuada. En una reunión extraordinaria de Rafael, Eduardo, Pablo y Fernando se palpa la necesidad de tomar una determinación tajante tratando de superar las dificultades personales por el bien del Hogar. Se toma una determinación y no sin dolor se marcha Fernando, dejando vía libre a la nueva estructura de Fraternítas. Eduardo pasa a ser el Presidente, Pablo el Vicepresidente y Rafael Ruibérriz el Secretario como consta actualmente en documentos oficiales, aunque en la práctica no se diferencian los cargos, porque trabajan solidariamente con buen clima, solucionando las dificultades con voluntad, sin crispaciones ni desconfianzas.

Hay que estar agradecido a Fernando, Carmen, Raquel y Carlos por su tiempo de permanencia en Fraternitas. Hay que hacer notar que también desde Lima y en la medida de sus posibilidades colaboraron los hermanos Isaías y Juan Peña, así como el licenciado Johan Otoya.

EL HOGAR SE CONSOLIDA

Aparece María Fernanda, funcionaria de la Junta de Andalucía en España, a quien conoce Eduardo, impartiendo ejercicios espirituales, y le invita a formar parte de esta realidad. Estuvo en Perú tres meses seguidos, uno durante el mes que le correspondía de vacaciones, y los otros dos renunciando a su sueldo con la única preocupación de terminar la implementación del Hogar. Ella ha estado viniendo todos los años, siendo hoy el enlace natural entre España y Perú. También han pasado por el Hogar para vivir como voluntarios: Mercedes Mateo, María Ángeles Martín Godino, Rocío de la Calle. Últimamente Ana y Concha ayudando y colaborando activamente.

Hay que agradecer su colaboración asimismo al matrimonio Aurora Noriega y Raúl Ascoy, a sus hijas, y de manera muy especial a don Miguel Ascoy padre de Raúl al que se le considera como el jefe, siempre acompañado de su fiel esposa doña Lucía.

No podían abrir el Hogar porque hacía falta un médico que no tenían, una señora dio las señas de un pediatra que sin conocer el hogar dio su firma para poderlo abrir y se puso a disposición para todo lo que hiciera falta.

Se respira alegría y paz interior en todo, abordando las dificultades cotidianas gracias a la calidad humana, que se vive desde dentro y se irradia hacía el exterior.

Tenemos como criterio que, el Hogar es para los más pobres de los pobres, evitando que trabaje algún familiar de los colaboradores, para impedir el argollismo o beneficio personal.

El Hogar es confesional, por la fe de sus fundadores y colaboradores y por la espiritualidad profunda que hay en Perú, pero se admite a niños de cualquier credo y condición con tal que se encuentren en la situación de pobreza y necesidad, pues la caridad como nos recuerda el apóstol San Pablo no tiene límites.

El Hogar se mantienecon las aportaciones de los colaboradores y de la gente que ayuda por su cuenta. No tiene subvención oficial. Hay que hacer mención a la aportación económica importante de Fernando al comienzo, a la Junta de Andalucía en un par de ocasiones y a la Hermandad del Rocío de Huelva que dio un empujoncito.

En los últimos años se incorporó de manera activa a la fundación Alberto González de Zahara de la Sierra, llamado «El Lotero», porque vendiendo el premio de Navidad consigue una gran ayuda para el mantenimiento del Hogar. Actualmente hay personas colaboradoras en Sevilla, Huelva, Cádiz y fuera de las fronteras de España.

Salvo los empleados, que cobran sueldo el resto del voluntariado tanto en Perú como en España es de forma totalmente gratuita, corriendo cada uno incluso con sus propios gastos para traslados y demás.

Las cargas burocráticas han desanimado en ciertos momentos porque se han pasado días en la notaría, días en el registro, días para solicitar permisos.

Teniendo el pueblo peruano mucha sensibilidad ante lo celebrativo, cada año ha sido muy importante el aniversario, que se celebraba con todos los vecinos y colaboradores. Recordamos desde el primero en el que había que pedirlo casi todo prestado, hasta los más recientes en los que nuestro Hogar va disponiendo poco a poco de todo lo necesario.

Para conseguir el mobiliario fueron necesarios días enteros de carreras y arduo trabajo: Eduardo, Pablo, María Fernanda y Raúl por esos caminos de Dios anduvieron buscando muebles resistentes y baratos.

Hoy es una bonita realidad la Fundación y el Hogar.

Eduardo siempre tiene la obsesión de que la Fundación debe tener presente dos realidades, por una parte la atención de los niños de la calle en todas sus dimensiones y por otra, la toma de conciencia de que esa pobreza tiene una raíz de injusticia contra la que hay que luchar no solamente colaborando en lo asistencial sino denunciando también todo aquello que la provoca.

La Fundación tiene también como objetivo formar las conciencias, por eso, constatamos que así como se ha avanzado en la formación del Hogar, y hoyes una realidad, queda mucho por avanzar en la mentalización de que la pobreza tiene raíz y causa. En este sentido no se acepta nada que venga de manera ilegal o que no responda a criterios de justicia.

Tenemos amor preferencial por los pobres porque nos sentimos seguidores de Jesús no por los pobres ni por la pobreza en sí mismos, sino como exigencia de las Bienaventuranzas.

Los niños están creciendo en un clima de formación y amor por parte de los colaboradores viviendo como en cualquier Hogar y asistiendo a la escuela y a los servicios sanitarios como cualquier otro niño del distrito.

Se hace imposible retener una década de sueños y luchas en unos simples folios, siempre cortos. Inmensidad de anécdotas quedan en la memoria e innumerables nombres, siempre presentes, colman el recuerdo. Como siempre hemos de alabar y bendecir al Señor, cuyas manos nos han sostenido y arropado en todo momento. También mirar al cielo y darle gracias por seguir enviando niños al hogar para que sean atendidos adecuadamente.

FRATERNITAS SINE FINIBUS DESDE 2007 HASTA HOY

Antes de nada, y como complemento a lo indicado en con motivo del X aniversario de la fundación de Fraternitas sine Finibus, decir que la Fundación está inscrita en el Ministerio de Justicia en el Registro de Fundaciones de competencia estatal por Orden Ministerial de 01/10/2007 siendo el número de registro asignado el 1.228. La inscripción conlleva el reconocimiento del interés general de sus fines.

En 2002 se iniciaron los trabajos de construcción del Hogar, haciéndose cargo de las obras Raúl Ascoy. Aurora Noriega, esposa de Raúl ocupa la dirección del Hogar desde 2005 hasta 2010. Desde ese año la dirección del Hogar la lleva a cabo la actual directora María Fernanda Pérez Prieto.

Poco a poco el Hogar sigue creciendo, se adquiere el 30 de septiembre de 2.011 la aledaña casa, denominada popularmente “Casa de D. José”, comenzando las obras de ampliación del Hogar que finalizan en 2.015. El acto de inauguración tuvo lugar con la bendición del entonces presidente, hoy presidente honorario, Padre Eduardo Martín Clemens.

Con fecha 29 de mayo de 2.015 cesan a petición propia en sus cargos, los Padres Eduardo Martín Clemens como presidente, y Pablo Peñas Vinces como secretario, nombrándose un nuevo patronato que quedó formado por:

  • Presidente: Jesús Gil Pineda.
  • Vicepresidente: José Antonio Fajardo Romero.
  • Secretario: Rafael Ruibérriz de Torres Sánchez.
  • Tesorero: Javier Guajardo-Fajardo y Alarcón de la Lastra.

En 2.018, la Fundación pone en marcha el biohuerto colaborando los niños acogidos, familiares, y voluntarios tanto españoles como peruanos. Fue bendecido por nuestro presidente honorario el Padre Eduardo Martín Clemens.

También en 2.018 se pone en marcha la estimulación temprana para el desarrollo físico de los bebés acogidos en el Hogar.

Es imposible que aparezcan todas las personas que desde el principio ha ayudado y colaborado con la Fundación y su proyecto social en Perú. Sin embargo, no debemos olvidarnos de la labor anónima de algunos de ellos entre otros Alberto González Pino y de Fernando, el hermano del Padre Eduardo, con organización de la cena anual en Algodonales y la venta de lotería. Así como, entre otros voluntarios, de: Pilar Ladrón Tabuenca, Rocío Galán, Curro Clemente Baltasar, José Antonio Hernández Mateo y su madre Mercedes, sin cuya colaboración no se hubiera podido llevar a cabo la continuidad del Hogar. A todos ellos muchas gracias y que Dios os lo pague.

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